La parte positiva que me llevo de haber experimentado con JCLIc es que si algún día me veo en la tesitura de tener que utilizarlo -por obligación o necesidad, la vida da muchas vueltas – ya sé que lo más interesante que ofrece el programa es la posibilidad de personalizar las tareas. Aunque sólo se pueda hacer sopas de letras, puzzle y asociaciones, los Jclic permiten contextualizar el ejercicio con la vida de la clase.
De este modo, se podría llegar a crear ciertos vínculos entre los alumnos y el uso de JClic.
Por ejemplo, podríamos usar la voz de los niños gritando o felicitando efusivamente los aciertos... Este tipo de recursos ya son un aliciente en si mismo a la hora de diseñar las actividades tanto para los niños como para el maestro.
Aunque muy a mi pesar, insisto en que este programa no me sirve más que para entrenar a los más pequeños en el uso del ratón. No pretendo que aprendan nada de forma significativa y funcional más allá de la técnica y el manejo del ratón y la pantalla.
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